¿La envidia es negativa? Aprende a gestionarla

Los sentimientos y sensaciones son mecanismos complejos que usa el propio cuerpo para, entre otras funciones, comunicarse con la persona, responder a estímulos externos, informar de procesos internos y desarrollar ciertos instintos. Todo eso significa que, desde un punto de vista biológico, un sentimiento se genera para la conservación del individuo y procreación de la especie.

El problema surge cuando, en una organización social, inteligente y avanzada como la del ser humano, el factor sobrevivir y replicarse pierde todo su sentido ancestral y se convierte en una mera consecución de objetivos personales o materiales. Efectivamente, hoy día sobrevivir no es buscar comida entre los árboles en un periodo de sequía ni emprender un viaje de días para cazar una res. Por el contrario, la supervivencia de hoy es aprobar un examen, conseguir followers en las redes sociales o comprarte un deportivo.

Esto nos ha llevado a que algunos sentimientos se desvirtúan y pierden la función para la que fueron creados ya que tendemos a catalogarlos como buenos o malos, positivos o negativos en base a una construcción ética de valores o, simplemente a si nos hacen sentir mejor o peor. Porque, a nadie le gusta sentirse mal, ¿verdad?

Pues, lo que aquí nos interesa saber es si esta concepción moderna de los sentimientos realmente nos prepara mejor para el mundo en el que vivimos, o si más bien estamos perdiendo una herramienta clave para el autoconocimiento. Dicho de otra forma, ¿gestionar un sentimiento en lugar de rechazarlo o aceptarlo directamente puede ayudarnos en nuestro crecimiento personal? ¿Una sensación de dolor (psicológico) siempre es negativo y por contra, el placer es positivo?

PREÁMBULO

Si fuiste fiel visitante del blog, ya habrás leído muchas veces por aquí que lo que la sociedad nos enseña, o lo que la gente nos aconseja, casi siempre dista mucho de lo que resulta mejor para nuestro crecimiento personal. Es decir, al final, se nos intenta dirigir siempre hacia un camino beta y conformista. Las razones son varias y diversas, y provienen tanto de las altas instituciones de los estados (económicas y controladoras) como también de nuestros semejantes (ego, éxito, etc). O sea, que a nadie (nadie!) le interesa que seas alfa, ni que triunfes ni que ligues con quien quieres.

De ahí que a veces se use la ética y la moral para establecer ciertos límites a nuestro autoconocimiento. Porque, el autoconocimiento es una de las herramientas más importantes de la autoconfianza aparte de que nos brinda información valiosa de distinta índole que podemos usar para crecer personalmente.

Hagamos un ejercicio sencillo. ¿Alguna vez te han hecho la siguientes afirmaciones?

– No es bueno que te fijes en lo que tienen los demás.
– Desear lo que poseen otros te va a hacer infeliz.
– No te compares con fulanito o no compitas con menganito.

Si me dices que no, me jodes el post porque a lo mejor a ti te han educado como un alfa. Y en ese caso, instintivamente ya sabes todo lo que estoy contando aquí (la educación puede dormir o potenciar la genética). Pero, si desgraciadamente, expresiones de ese estilo te han sido muy familiares a lo largo de tu niñez u adolescencia, bienvenido al club de los engañados.

Que un determinado sentimiento sea considerado socialmente negativo o te haga sentir mal de alguna manera, no significa que no te esté avisando de algo importante o proporcionando una clave que te ayude a mejorar tu vida. Pues precisamente eso es lo que ocurre a veces con la envidia. Por eso, vamos a aprender a gestionarla adecuadamente ¿Me sigues?

ganador y perdedor

LA ENVIDIA

Existen varias definiciones de ENVIDIA dependiendo de si abordamos el tema desde un punto de vista lingüístico, psicológico o social. Por ejemplo, la RAE da una explicación demasiado básica y breve. Así que, aquí vamos a considerar la envidia como

Sensación de tristeza, malestar o frustración provocada, por el deseo de lo que tiene otro (bienes/ cualidades), o por su propio éxito.

Entonces, a partir de esta definición podemos estar de acuerdo en que la envidia nos hace sentir mal y por tanto cabría pensar que sería conveniente hacer todo el esfuerzo para desecharla de nuestra vida tal y como nuestros padres y amigos nos han sugerido desde siempre. Vale, en este punto hace falta recordar lo que en este blog consideramos triunfo: tener el control de nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro entorno. Entonces, si tú desechas algo por el simple hecho de que te hace daño, no estás comprendiendo ese sentimiento ni llegando al fondo de lo que te puede estar queriendo transmitir. Así que, primero vamos a razonarlo, entenderlo, interiorizarlo y luego ya, tomarás la decisión de si debes rechazarlo o no.

Aunque la envidia es un solo sentimiento, se puede manifestar de tres formas diferentes. A saber, envidia destructiva, positiva y objetiva. Vamos a explicar cada una de ellas.

ENVIDIA DESTRUCTIVA

Este tipo de envidia es el más común y a partir de el cual se ha creado en nuestra mente la concepción de que sentir envidia es malo. Claro, al final la envidia se fundamenta en querer ser más que el otro (bien por lo que tienes o por lo que eres) y cuando no lo podemos conseguir es muy fácil caer en el odio hacia la otra persona o querer perjudicarla de alguna forma para equilibrar la situación o simplemente como medida de desahogo.

Si al leer el párrafo anterior te ha venido a la cabeza la palabra omega, te felicito, estás en lo cierto. Efectivamente, este tipo de envidia está muy relacionada con las personalidades omega pero puede manifestarse también en alfas y betas debido al mestizaje genético y/o a mentes poco preparadas (emocionalmente hablando).

En cualquier caso, esta modalidad de envidia no le aporta ningún valor significativo a nuestra vida ni tampoco información relevante para crecer personalmente o en liderazgo. Su único servicio es originar en nosotros una mezquindad que psicológicamente no hace nada bien al equilibrio mental. Aparte de que, si exportas odio (mediante pensamiento o acciones) es normal que el odio termine rodeándote y/o formando parte de ti; y ese es un lastre complicado de eliminar.

Un ejemplo rápido y visual de este tipo de envidia lo tienes todos los días en las redes sociales. Cualquier famosill@ tiene una legión de haters enorme. Es decir, gente que pierde su tiempo en insultar, degradar y criticar a esa persona que ni siquiera conoce personalmente ¿Qué ganan haciendo eso? Pues es el desahogo y manifestación del odio del que hemos hablado más arriba.

ENVIDIA POSITIVA

Esta modalidad es fácil de explicar y entender. Se trata de lo que se ha llamado toda la vida «envidia sana». Es cuando, igualmente, nos gustaría tener lo que tiene otra persona, pero esa persona nos importa y la apreciamos. Por ejemplo un familiar o un buen amigo, aunque también puede darse con individuos más o menos desconocidos que nos inspiren respeto, simpatía u otros valores positivos o empáticos. En este caso vamos a experimentar alegría por eso «bueno» que ha conseguido dicha persona por medio de tres cauces diferenciados:

1- Por identificarnos con su éxito o vernos reflejados en él.

Si esa persona tiene algún tipo de relación identificativa contigo (racial, geográfica, política, sentimental, opinacional, etc), es fácil que te sientas bien cuando consiga sus objetivos. Porque, si ha conseguido x cosa teniendo aspectos en común contigo, significa que probablemente, tú también puedas. Por otro lado, siempre resulta más agradable que triunfe alguien de tu «grupo», que de un grupo ajeno (excepto si eres omega, en ese caso desearás democratizar tu fracaso en el entorno).

2- Por participar de dicho éxito al sentirte parte de o cercano a esa persona.

Aquí la relación no necesita ser identificativa, sino instrumental. Por ejemplo, si has aconsejado a esa persona en algún momento o le has ayudado de alguna forma. En ese caso es normal sentir que tu actuación a contribuido en cierta medida a conseguir ese éxito del tercero. O sea, en parte, es mérito también tuyo. Y eso mola.

3- Por sentimentalidad hacia esa persona.

Esto es sencillo. Cuando tú aprecias a alguien, quieres todo lo mejor para él, y por eso te alegrarás de sus éxitos sin ningún otro condicionante. Esto es, sin compararte, competir, etc. Al final, si quieres a alguien, de alguna manera ese alguien forma parte de ti mismo y por tanto lo bueno que le ocurra, redunda en tu alegría. Esto ocurre con familia, amigos y pareja principalmente.

ENVIDIA OBJETIVA

Este tipo de envidia es razonada, es decir, no es habitual que se presente de forma instintiva aunque puede potenciarse con entrenamiento. Se trata de que te gusta o quieres lo que tiene otro, pero dando un paso más allá e incluyendo en la ecuación el por qué lo tiene y tú no. Es decir, no nos quedamos en el hecho de que el otro ostente determinado éxito y por eso le odio (como en la envidia destructiva), sino en POR QUÉ el otro tiene ese éxito y yo no ¿Entiendes?

Esa pregunta es muy importante que te la plantees porque va a condicionar el uso que harás de esta envidia y por tanto su gestión posterior.

Cuidado, no te equivoques. La envidia objetiva también hace daño, en tanto en cuanto el otro es o tiene más que tú; eso es muy difícil de aceptar para cualquier alfa. El matiz está en cómo vas a usar ese daño y en cómo ese daño te empuja a superar tus límites y a aprender. Si usas ese daño para intentar destruir el éxito del otro, ya te encuentras en la envidia destructiva. Pero, si buscas el por qué y sacas conclusiones de ese por qué, tu vida sólo podrá ir a mejor.

Una vez que te has hecho esa pregunta, las respuestas que averigües o que te ofrezcas a ti mismo pueden ser muy diversas, pero siempre es recomendable hacerte otras más del tipo:

¿Ha tenido suerte, es un golpe de azar?
¿Ha disfrutado de ayuda por parte de terceros?
¿Su entorno ha beneficiado ese éxito?
¿Le han educado de forma diferente?
¿Ha dispuesto de herramientas que a ti te faltan?
¿Ha nacido con habilidades en ese campo concreto?

Si la respuesta a alguna de las anteriores preguntas fuera afirmativa, la conclusión es que tú te encuentras en situación de inferioridad respecto a él y por tanto, lo lógico es que te supere. Lo antinatural sería precisamente lo contrario, que con menos recursos consigas más. Es decir, en este caso el mérito no influye en el resultado. Y esto es muy importante desde el punto de vista de la autoconfianza porque no es lo mismo tener algo, que conseguirlo y merecerlo. No es igual que algo te venga fácil, que luchar adquiriendo por el camino conocimientos y aptitudes. Si en el futuro vienen malos tiempos, esos conocimientos y aptitudes que han quedado dentro de ti te darán la opción de volver a triunfar sin ayuda ¿Comprendes?

Esto que acabamos de hacer es una gestión de la envidia objetiva y es la que deberías sentir de ahora en adelante.

Al final, querer lo que tienen otros puede ser una forma de competir, de necesitar superarte a ti mismo. Ver lo que otros consiguen es una referencia que puedes tomar para conformar tus objetivos o ambiciones futuras. No desde el punto de vista de «querer ser igual que…» o de «querer superar a…» sino de «tengo que ser capaz de…» o «tengo que conseguir tal…».

Has de pensar que, si otro ha conseguido tal cosa teniéndolo todo a favor, imagínate si tú llegas a algo equivalente con menos ayuda o recursos. Te costará más y lo pasarás peor, pero lograrás una experiencia vital y una inyección de autoestima mucho más importante que cualquier bien material.

Dicho esto, tampoco quiero engañarte. El mérito que atesores por conseguir un objetivo lo tienes que usar a nivel interno. O sea, no esperes que los demás reconozcan o incluso sepan todo el mérito que se esconde detrás de tus actos (tanto exitosos como fallidos). Ojo con eso, tu mérito real lo sabes tú, no confíes en que lo tasen los demás porque siempre lo harán a la baja.

Vale, todo esto queda muy bien, pero, la pregunta del millón es:

¿Y si la persona que envidias no ha disfrutado de ninguna ventaja respecto a ti?

Es decir, ha tenido tus mismos recursos, educación, ayudas, etc, pero ha conseguido más.

Bueno, si obviamos el factor suerte (que importa, y mucho), la conclusión es que te ha ganado y punto. O se ha esforzado más o ha trabajado mejor, no hay más lectura. Desgraciadamente, en la naturaleza es mucho más habitual perder que ganar, en todos los ámbitos. Así que, esa es una sensación que es conveniente aprender a encajar. Ojo, no estoy diciendo que te sienta bien, ni estoy diciendo que no te enfades, ni estoy diciendo que lo aceptes de buen grado. Sólo describo una realidad. A partir de ahí tu trabajo con la envidia objetiva no es odiar al que te ha superado con las mismas armas, sino «odiarte» (entiéndeme la expresión) a ti mismo por no haberte esforzado lo suficiente. En adelante tu trabajo es volver al punto de partida de la gestión de la envidia, preguntarte por qué se ha esforzado más o ha trabajado mejor y, dependiendo del caso, o bien copiarle descaradamente su estrategia o bien seguir un camino diferente pero con objetivos análogos*. Pero eso… será materia de otro post.

¿Y QUÉ PASA SI RECHAZO LA ENVIDIA?

Imaginemos que eres un ser bondadoso e inocente que rechaza cualquier sentimiento negativo hacia los demás o que provenga de los demás. Lo que consigues rechazando una sensación inherente al ser humano es que no cumpla las funciones positivas que ya hemos explicado en este post. Fundamentalmente, vas a perder:

Autoconocimiento.
Huir de algo que sientes de forma instintiva no es la mejor forma de saber qué eres y por qué reacciones de esa forma.

Fuerza y motivación.
Cuando inicias un camino de crecimiento personal, tendrás días motivados y plenos de energía; pero también vendrán otros con decaimiento y desesperanza. Es normal. Entonces, es en los días malos donde necesitamos todos los estímulos posibles para seguir adelante con el empuje necesario. O sea, en los momentos difíciles todo recurso potenciador cuenta y si renuncias a alguno por tu ética o condiciones personales te será mas complicado alcanzar tus objetivos.

Ánimo.

2 comentarios en “¿La envidia es negativa? Aprende a gestionarla

  1. Hola Ángel! Una alegría leerte después de tanto tiempo, espero que este descanso te haya venido bien.
    Es curioso cómo una sensación tan humana como la envidia se ha querido tapar o atenuar mediante la cultura o educación. Creo que se ha hecho para evitar la envidia destructiva y para fomentar la convivencia, pero no tanto para sacar el máximo potencial de uno mismo. Cuando ves a alguien que ha conseguido algo que deseas y dices…»joder, ¿por qué yo no?» ¿A quién no le ha pasado? Ahí es cuando hay que analizar inteligentemente las causas y ponerse manos a la obra.

    1. Muchas gracias por la bienvenida y por seguir por aquí. Recuerdo nuestras conversaciones por email, con cariño, he de decir 😉

      Lo que intento plantear con este post es que renegar de esta sensación natural puede volvernos conformistas y poco ambiciosos. Al final, gran parte de nuestros objetivos dependen, en primer lugar, de nuestro entorno. Es el punto de partida. Si no tienes referencias claras, es más difícil medir tu potencial y actuar en consecuencia. Entonces, si a ti te dicen que es negativo ambicionar lo que tiene otro, cambias de dirección sólo por ese pensamiento, en lugar de luchar por igualarte a él. O sea, al final te meten en la cabeza que no compitas.

      Un abrazo!

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